Los bomberos chilenos no son rentados, pero son profesionales. Es decir, no reciben un sueldo, pero tienen la capacidad/formación técnica/intelectual que les permite ser “profesionales de la emergencia”.

Los integrantes de Bomberos de Chile cumplen con la aprobación de cursos normados sin los cuales no se pueden desempeñar en la atención de emergencias. Cursos que cumplen con normas internacionales.

Los profesionales bomberiles ya implementan la legislación en relación a la Ley Marco de Bomberos, junto a otras reglamentaciones, y es así que desde el año pasado y durante 2017, miles de ellos acreditarán su calidad de Bombero Operativo, colocándolos en una condición de alta preparación con estándares mundiales. Por cierto, luego viene otra calidad mayor como Bombero Profesional y, desde este tiempo, quienes ingresen a las Compañías de Bomberos deberán aprobar las materias teórico/prácticas del Bombero Inicial.

Los bomberos chilenos tienen vínculos académicos y de entrenamiento con bomberos de Francia, Estados Unidos, Alemania, España, y a Chile vienen a prepararse decenas de bomberos de América Latina.

Los tragahumos chilenos están capacitados para trabajar en incendios estructurales, rescates vehiculares, salvamentos (en ascensores, ríos), en rescates en espacios confinados (derrumbes, terremotos), alarmas de haz-mat (materiales peligrosos, químicos), siniestros forestales y para tareas de comando de incidentes, administrativas, financieras y secretariales.

Para lo anterior hay especialidades de Compañías y grupos específicos y existe una coordinación entre Cuerpos de Bomberos de distintas comunas y regiones.

Junto a lo anterior, en la mayoría de las unidades bomberiles existe una formación ética, histórica, de normativa institucional, reglamentaciones y gestión organizativa.

Los bomberos chilenos profesionales cuentan con cientos de vehículos de emergencia modernos, dotados de última tecnología, que son usados en incendios, rescates, haz-mat y otros incidentes.

Quienes integran las Compañías de Bomberos dedican largas horas/hombre en su desempeño, muchas horas académicas y de preparación práctica, y garantizan una dotación nocturna en los cuarteles.

La fortaleza profesional y técnica de los bomberos chilenos y la consistencia de su ética, valores y asimilación de la norma y los principios institucionales (es colegiada, democrática, disciplinada), otorgan una solidez y madurez demostrada en casi 200 años de existencia.

Los bomberos han sorteado distintos periodos de la historia chilena (guerras, revoluciones, revueltas, crisis económicas y políticas) sin perder sus cimientos, sobre todo en un valor interno de que sus integrantes anteponen diferencias ante la necesidad del servicio a la comunidad, como un colectivo serio y profesional.

No hay que olvidar que la calidad de voluntarios de la institución bomberil chilena surgió de las incapacidades del Estado, de los servicios públicos bomberiles que existían, de déficit de sectores privados; fue una forma de respuesta de la sociedad civil ante una necesidad de la población, del país. Esta experiencia, por lo demás, se comenzó a seguir en países como Estados Unidos, Perú, Japón, Paraguay, Argentina, México, entre otros.

De allí que el pago no es ni ha sido lo vital en el eficaz servicio de los bomberos voluntarios chilenos. Es más, si pasaran a ser rentados, significaría desarmar toda una estructura a nivel nacional y, quizá, convertirlo en un servicio público que estaría reducido en personal, técnica, vehículos, donde una prioridad seria el gasto en sueldos (se requerirían a los menos 3 turnos diarios), lo que hoy se puede restar de los presupuestos. Ni hablar de privatizarlos, porque claramente los sectores socio/económicos altos tendrían resuelto el problema, no así la mayoría de la población. Hoy el servicio bomberil no distingue diferencias de ese tipo al concurrir a una alarma.

Como es una institución que pondera la gestión, hay personal como los cuarteleros (conductores de los carros de emergencia), las operadoras de las centrales de alarma, personal administrativo, que es rentado, es decir, que cumple una labor pagada.

En todas las encuestas en que se mide valoración ciudadana, bomberos ocupa el primer lugar, en todas. Cualquier gobierno central, regional o comunal conoce muy bien la efectividad de los bomberos en incendios de proporciones, en rescates vehiculares y en desastres naturales. Por eso, esas instancias hace rato que suben los presupuestos y apoyos. La ciudadanía reconoce desde siempre la labor desinteresada pero sobre todo técnico/profesional de sus bomberos.

Más que abrir debates -añejos, de si deben ser rentados o no, el Estado, el sector privado/empresarial y la sociedad, deberían reflexionar en cómo reforzar los apoyos a Bomberos de Chile de manera concreta.

En cualquier país serio, a nadie se le ocurriría desarticular a una institución que funciona bien.

Con todos los debates que hay a nivel nacional, parecería el colmo que se empiece a discutir cómo desarmar a una entidad de emergencia, de servicio público, que lleva dos siglos funcionando con eficacia, desarrollándose, actualizándose en el tiempo, cumpliendo estándares internacionales, administrando con transparencia sus recursos, asumiendo una legislación moderna y actuando ante diversidad de emergencias con personal capacitado y de forma oportuna.

Todo apunta a que Chile requiere de sus bomberos profesionales, aunque no sean rentados.

 Agradecimientos al Inspector de Planificación y Voluntario Honorario de Nuestra Compañía, Hugo Guzmán Rambaldi.