Alberto Ried Silva

Alberto Ried Silva, fundador del Cuerpo de Bomberos de Ñuñoa nació el 22 de febrero de 1884. El 27 de mayo de 1933, en la Alcaldía de la Ilustre Municipalidad de Ñuñoa, con la prescencia de su Alcalde Don Joaquín Santa Cruz Ossa y 36 vecinos, Don Alberto expone las razones que hacen necesaria la creación de un Cuerpo de Bomberos. La asamblea acoge la idea y todos los presentes acuerdan ser parte de la naciente institución. Así, con 36 Voluntarios comienza esta aventura. Hoy 78 años después es una realidad.

Sirve un territorio integrado por 5 comunas: Ñuñoa, La Reina, Macul, Peñalolén y La Florida. En ellos residen más de 1.000.000 de habitantes. Cerca de mil Voluntarios distribuidos en 11 Compañías responden eficientemente al “Llamado del Fuego”.

Todo empezó un 24 de abril de 1933, Don Alberto Ried vivía en la calle San Gregorio, actualmente Dublé Almeyda. En calle José Domingo Cañas y Exequiel Fernández se declaró un incendio que no fue posible combatir con éxito. Ello lo conmovió intensamente y decidió formar un Cuerpo de Bomberos en Ñuñoa. Se entrevistó con el Alcalde, quién lo secundó en su idea y lo ayudó en la convocatoria de vecinos a una asamblea para tal fin. Esta se efectuó el 27 de mayo, como señalábamos anteriormente. En ella se designó el Directorio, nombrándose Superintendente a Don Joaquín Santa Cruz O. y Comandante Don Alberto Ried S.

Su vocación de Bombero Voluntario no solo era una respuesta lógica de su carácter generoso y solidarios sino que además, era parte de una tradición familiar. Su abuelo Don Aquinas Ried participó de los inicios de la causa bomberil voluntaria, como Fundador del Cuerpo de Bomberos de Valparaíso, y su padre Don Gustavo Ried Cancianni, en la fundación de la 5a. Cia. del Cuerpo de Bomberos de Santiago, a la cual perteneció hasta su muerte.

Alberto Ried Silva era un ser multifacético. Su talento artístico lo hizo crear en la piedra, con el mazo y el cincel, bellas obras, como Cristo que lleva su apellido y la roca que adorna el costado sur del Cerro Santa Lucía, en la que esculpió una carta enviada por Pedro de Valdivia a Carlos V. Su genio literario nos legó bellos poemas en la prosa. En un relato sobrio y veraz plasma en su libro “El mar trajo mi sangre” sus memorias de fines del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX, premunido de su invariable anhelo de amor a la belleza. Su inteligencia artistica no tenía límites; el dibujo, la caricatura y la pintura fueron también parte importante de su quehacer estético.

En la vida civil desempeñó variadas actividades. En el ámbito de la diplomacia fue Cónsul en Burdeos, Francia. Participó activamente el el periodismo y en actividades soocietarias: integró el “Grupo de los Diez”, célebre asociación de grandes artistas chilenos.

Alberto Ried Silva fue un “Romántico viajero”, que transitó los variados caminos del espíritu para entregar belleza y solidaridad. El 5 de mayo de 1965 emprendió el ultimo viaje a lugares ignotos. Para los Bomberos Voluntarios su imagen venerada estará por siempre presente.

Nota: Texto extraído del libro de Alberto Ried Silva “El Llamado del Fuego”, reeditado en conmemoración del 75° Aniversario del Cuerpo de Bomberos de Ñuñoa.

 

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