Mártires

Quienes dieron La Vida por la Humanidad

Sylvio Guerrero Mutinelli, Jorge Batiste Aleu, Luis Bernardin Orellana, Jorge Dzazópulos Elgueta, Voluntarios de la Segunda Compañía de Bomberos de Ñuñoa, “La Vida por la Humanidad”, cayeron en Acto del Servicio, sellando sus nombres en el martirologio del Cuerpo de Bomberos de Ñuñoa.

El destino de los tres primeros se materializó en un Incendio de grandes proporciones el 14 de diciembre de 1962, en una fábrica de artículos de calzados en calle Madreselvas, esquina de la actual avenida José Pedro Alessandri, en la entonces Comuna de Ñuñoa, hoy Comuna de Macul, al registrarse una explosión que dejó una trágica estela de dolor en las filas de los bomberos ñuñoinos.

A ese siniestro concurrieron la seis Compañías con que contaba el CBÑ al inicio de la década de los sesenta, al mando del Comandante Enrique Guerra Bagolini. Fue pasada la medianoche y el fatídico hecho se produjo cuando se estaban realizando
tareas de remoción y extinción final del fuego.
En el lugar murieron Sylvio Guerrero y Jorge Batiste. Meses más tarde, producto de sus graves heridas, falleció Luis Bernardin, el 4 de abril de 1963.
Una década más tarde, el 8 de septiembre de 1973, el Voluntario Jorge Dzazópulos falleció producto de serias lesiones al accidentarse en la Sala de Máquinas del Cuartel de su Compañía, cuando salía a un Llamado de Comandancia el 7 de septiembre.
Engrosaba así la lista de de bomberos caídos en Acto del Servicio.

En torno de ambos sucesos hay testimonios de decenas de Voluntarios que presenciaron los hechos y que, en el caso de Madreselvas, incluye a muchos que
salieron heridos de aquella explosión. Las versiones se sintetizan, finalmente, en la
comprobación de la disposición de los cuatro Mártires a cumplir con su deber y haber dado sus vidas como bomberos.

Sylvio Guerrero nació el 18 de enero de 1931, era padre de una hija y trabajaba como impresor. Ingresó a la Segunda Compañía el 29 de diciembre de 1952, ocupó los cargos de Maquinista, Teniente y llegó a ser Capitán de la Compañía, alcanzando la categoría de Voluntario Honorario.

Jorge Batiste nació un 12 de abril de 1945, era estudiante de tercer año de Humanidades en el Liceo 7. Ingresó a la Segunda Compañía el 8 de noviembre de 1962, alrededor de un mes antes de morir en Acto del Servicio. Al fallecer tenía 17 años de edad, y el convertirse en el Mártir más joven de la Institución, llevó a que se bautizara con su nombre a la Brigada Juvenil segundina, surgida el 2 de agosto de 1969.

Luis Bernardin nació el 31 de marzo de 1940 e ingresó a la Segunda Compañía el 17 de marzo de 1961. En 1962 laboraba en la industria “Ferrobone”. Al momento del Incendio en calle Madreselvas, Bernardin era miembro de la Guardia Nocturna de su unidad bomberil y convertido en Mártir, esa instalación, en su honor, pasó a llevar su nombre.

Jorge Dzazópulos nació en Santiago, ingresó a la Segunda Compañía el 4 de diciembre de 1972 y a los pocos meses de integró a la Guardia Nocturna. Estudiaba ingeniería y al morir en la Sala de Máquinas de su Compañía, ese lugar lleva su nombre imborrable.

 

Los cuatro pertenecían a distintas generaciones y realizaban diferentes actividades.

Los unía el servicio a la comunidad, la entrega a su Segunda Compañía y la voluntad de ser fieles a los valores de bomberos, sobre todo consagrándose al lema de “La Vida por la Humanidad”, que como nunca en el caso de los Mártires, se funde con el del Cuerpo de Bomberos de Ñuñoa, “Estamos Alerta”, en la amalgama de estar siempre dispuestos al deber y en ello, estar dispuesto a dar la vida.
Son cuatro nombres inscritos en los anales bomberiles ñuñoinos que se suman a los cientos de Mártires de Cuerpos de Bomberos de Chile, en la demostración más fiel y orgullosa, con el dolor que significa, de entregar la vida en una labor desinteresada y decidida, en defensa y bien del prójimo y la comunidad.